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LA LLUVIA Y LA PESCA
La lluvia afecta considerablemente al comportamiento de las carpas
ya que modifica las características físicas y químicas del agua del
lago sobre el que cae. Una de las alteraciones, común en todas las
estaciones del año, es la elevación del nivel de oxigeno disuelto en
el volumen global o como mínimo en la capa superficial. En términos
generales, un agua bien oxigenada estimula el apetito de la carpa y
alarga el intervalo de tiempo que dedica a alimentarse.
En
los meses cálidos, la lluvia tiende a calentar el agua, aunque si cae
durante un largo periodo de tiempo puede refrigerar el embalse.
Inmediatamente después de la típica tormenta veraniega española en la
que cae una cantidad de agua considerable, las carpas se activarán
alimentándose agresivamente. Sin embargo, durante las estaciones frías,
la lluvia es propensa a bajar la temperatura y un intenso aguacero puede
hacer caer la temperatura por debajo de los 7ºC, causando la disminución
del deseo de alimentarse de la carpa.
Otro dato
importante a tener en cuenta es el posible cambio del pH del agua. El pH de un
lago varía de acuerdo con un sinfín de condiciones: la fuente de agua, el tipo
de suelo, manto rocoso, vegetación… Las carpas se adaptan al pH del medio
acuático en el que viven aunque el nivel óptimo para que se desarrollen
adecuadamente está comprendido entre 6.8 y 7.8, es decir, rondando la
neutralidad. La lluvia ordinaria es ácida, con un pH en torno al 5.5, pero la
contaminación producida por el hombre incrementa la acidez hasta 100 veces por
encima del nivel anterior. Los datos recogidos por el programa europeo de
vigilancia y evaluación muestran que los valores medios de pH del agua de lluvia
en Europa son de 4.3 e incluso menos. Si el pH del lago desciende bruscamente
por debajo de los 5 puntos, las carpas se estresarán y dejarán de comer.
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Simplemente con dos tirillas que contienen los
paquetes experimentales podemos determinar tanto el pH de la lluvia como
del agua del lago y contrastar los valores, es un sistema fácil, rápido
y barato.
La lluvia casi siempre viene acompañada de viento y éste último tiene un
gran impacto en la conducta alimenticia de la carpa. Lo ideal es un
viento templado relativamente fuerte que venga de cara, procedente del
sur u oeste que arrastrará nutrientes y junto a la lluvia oxigenará el
agua.
No confundamos lluvia con tormenta, aunque las dos puede provocar los
mismos resultados no debemos olvidar que las cañas que usamos para la
pesca son de carbono, este material es altamente conductor y atrae la
electricidad. En el caso de que nos sorprenda una tormenta, lo más
recomendable es recoger las cañas y no permanecer cerca de ellas.
Respecto
a cebos, montajes y cebados… si pesco en un escenario donde haya árboles
en la misma orilla me gusta echar mis cebos cerca de ellos e incluso
justamente debajo. Las carpas patrullan estas zonas en busca de insectos
caídos, pequeños frutos silvestres o cualquier cosa comestible que pueda
caer al agua. En estas circunstancias suelo montar una caña con popup
sobre un montaje ziprig para colocar el cebo en la superficie o a pocos
centímetros por debajo de ella, el cebado sería nulo. También me gusta
tentarlas abajo con fondantes y una pequeña malla de PVA, nada de
cebados copiosos. Por otro lado, si estoy en un embalse “tipical spanish”
no suelo variar la estrategia con respecto a un día con la meteorología
más favorable, sólo sigo las reglas vistas anteriormente.
Resumiendo,
cuando lleguemos al escenario de pesca y uniendo todas las piezas del
rompecabezas, podemos suponer de antemano si tenemos posibilidades de volver
a casa mojados y con un bolo o si por el contrario existen probabilidades de
obtener picadas en nuestras cañas, en tal caso no me importa volver como una
sopa :-)
Artículo escrito por Francisco Granados
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