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ESTRATEGIAS EN ESCENARIOS MASIFICADOS.
Hoy por hoy,
algunos embalses de nuestra geografía española sufren una presión de pesca sin
precedentes, y en ocasiones, es casi imposible encontrar un hueco donde echar
nuestros cebos al agua.
A muchos pescadores les gusta ir al embalse de moda a sacar carpas enormes que
supuestamente salen con facilidad y sin apenas trabajarlo, sin embargo, lo
cierto es que muy pocos son los afortunados que sostendrán un gran ejemplar. La
mayoría de los pescadores dan vueltas con el coche por las orillas hasta
encontrar un sitio cómodo donde aparcar al lado de las cañas, sombra si hace
calor y resguardados del viento si lo hay. A continuación descargan y montan
todo el equipo, ceban en cantidad y de forma concentrada lo más lejos posible de
la orilla y lanzan las cañas poniendo sus montajes sobre la montaña de cebo.
Estas personas creen en los cebos milagrosos, mágicos, que al pincharlos en el
hair hacen que las carpas gordas se movilicen desde cualquier parte del lago
buscándolos. Gastan su dinero y su tiempo recopilando información sobre los
cebos con los que se han sacado peces records y les da igual el precio, si un
kilo vale 25euros no hay problema, el coste será por “el ingrediente mágico”.
Tengo que admitir que un buen cebo es importante pero sólo es una pieza más del
gran rompecabezas. Siguiendo estas pautas, las probabilidades de engañar a un
pez de tamaño considerable son verdaderamente escasas, por no decir nulas.
Nosotros en cambio, centraremos todos nuestros esfuerzos en conseguir picadas
donde pocos las obtienen.
El hecho de que haya muchas personas pescando no significa que nos tengamos que
poner en el primer sitio en el que quepamos, por lo que para empezar,
averiguaremos un área tranquila lejos de gente ruidosa. Tendremos en cuenta la
dirección del aire, a ser posible nos situaremos con viento cálido de cara o
frío de espalda. Si lo hubiere disponible, sería acertado hallar un
emplazamiento con árboles sumergidos, frentes de algas, grandes rocas… ya que
proporcionan cobijo y seguridad a las carpas. También son muy interesantes las
entradas de agua y por consiguiente, entrada de comida para los peces. Cuando
detectemos un sector que cumpla algunas de estas peculiaridades nos detendremos
sin sacar los tratos del vehículo, y con el apoyo de unos prismáticos
observaremos el agua en busca de algún signo que delate la presencia de las
carpas. Normalmente suele ser al alba o a la caída del sol cuando los peces
están más activos y se dejan ver con más facilidad. Al terminar la evaluación
visual previa, si el sitio no nos convence continuaremos la búsqueda.
Una vez finalizada la primera selección del escenario de pesca, examinaremos la
orografía y composición de las orillas sumergidas. Perderemos el tiempo que sea
necesario sondeando la zona elegida hasta saber, metro a metro, las
características del fondo. Si localizamos muchos obstáculos bajo el agua es
recomendable realizar un croquis donde ubicaremos cada uno de ellos. Este
pequeño plano lo guardaremos aún después de la sesión, nunca se sabe cuando nos
puede servir de nuevo. Actuando de esta forma sabremos cuales son los mejores
puntos para colocar nuestros cebos de anzuelo y por otro lado, en los que
podríamos perder el pez.
Básicamente existen dos métodos para sondear:
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Utilizando
una barca equipada con ecosonda. Esta forma es la más rápida y sencilla, con
sólo dar algunas vueltas por el pesquil localizaremos tanto los posibles
puntos calientes (o hot spots) como los obstáculos. Estos últimos hay que
marcarlos con una pequeña boya ya que la percepción de la distancia es
diferente desde orilla que desde la barca. Usar grandes lastres con pequeñas
boyas tiene la ventaja de que éstas se sumergen fácilmente en caso de que el
pez cruce la línea, evitan el enredo y siguen cumpliendo su misión, marcar
la ubicación exacta.
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Ayudándonos
de una boya y de un plomo rastreador. En algunas masas de agua está
prohibida la navegación así como en competiciones oficiales, y este método,
aunque más lento y laborioso, es igual de efectivo que el anterior.
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Pasamos la línea
por la anilla del vástago. |
Atamos el cabo a la
boya mediante un nudo swivel. |
Conectamos el
conjunto y a trabajar! |
El sistema del
plomo rastreador consiste en arrastrar pausadamente la pesa por el fondo.
Partimos con una posición horizontal de la caña, tensamos la línea, la sujetamos
con la mano y levantamos la caña muy lentamente. Esta acción nos permite sentir
las vibraciones en la mano, en nuestra caña y especialmente, en el puntero. Es
preferible utilizar una línea trenzada que transporta las vibraciones de manera
más eficaz debido a la carencia de elasticidad. Esta técnica de sondeado no es
complicada aunque lleva algún tiempo perfeccionarla. Para aquellos que estéis
empezando os recomiendo que hagáis pruebas realizando lances paralelos a la
orilla o incluso fuera del agua e ir relacionando las diferentes formas de
actuar del plomo identificando cada tipo de fondo: piedras, cieno, grava, arena,
arcilla… Simultáneamente nos permite medir la profundidad liberando hilo del
carrete hasta que salga la boya a la superficie. Para hacerlo de un modo
sencillo pondremos una marca en la caña a un metro del carrete e iremos sacando
hilo a tramos medidos.
De nuevo repetiré que sino nos convence lo que acabamos de “ver” bajo del agua,
lo mejor que podemos hacer es recoger los bártulos y seguir buscando otra zona
que cumpla nuestras expectativas. Más vale perder unas horas que no toda una
sesión viendo las nubes pasar!
Una vez examinado y reconocido el relieve de nuestro puesto de pesca e
identificados los puntos calientes, procederemos al cebado. Considerando que
tenemos “vecinos” próximos a ambos lados y casi seguro que alguno de ellos habrá
cebado en exceso, nosotros realizaremos un cebado ultraligero, de los que crean
atracción sin dejar prácticamente nada sólido que comer. Las grandes carpas no
suelen entrar a cebaderos copiosos y esporádicos por lo que descartaremos un
cebado inicial grueso. Siempre hay posibilidad de añadir más comida en caso
necesario, pero si nos pasamos no podremos sacarla del agua! El cebado estará
compuesto por pequeñas partículas, semillas y boilies triturados, y engodo de
superficie o surface.
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Componentes para el
cebado.
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Vertemos el engodo
seco y, trituramos semillas y boilies con el Krusha. |
Mezclamos todos los
componentes vigorosamente añadiendo el agua necesaria. |
Si disponemos
de barca y el lugar es navegable, cebaremos los hot spots con 8 ó 10 bolitas del
preparado anterior del tamaño de una nuez y cubriendo una superficie de 4 metros
cuadrados (2m x 2m) para cada caña o por lo menos para dos de ellas.
Comprobaremos que estas bolitas se deshacen a medias aguas, formando una nube
que favorecerá la expansión de olores antes de llegar al fondo, donde también
creará un manto de mini partículas muy atrayente.
Si por el
contrario no podemos meter la barca o simplemente no queremos, usaremos los
cohetes cebadores que se fabrican para tal fin, son un modo rápido y eficaz de
poner partículas y cebos libres en las posiciones elegidas. En el caso de
necesitar cebar a largas distancias, lejos del alcance de los rockets
convencionales, echaremos mano de pequeños cohetes como el skyraider de korda.
Este modelo tiene un diseño cónico que lo hace muy aerodinámico y sus aletas
curvadas le dan la estabilidad necesaria durante el vuelo, ayudándole a
mantenerse más tiempo en el aire. Gracias a cohetes de este tipo sobrepasaremos
los 100 metros de distancia sin mucho esfuerzo. Un par de lances sobre cada
postura será más que suficiente. Es importante dispersar el contenido del cohete
y evitar que se vacíe por completo en el mismo punto, para ello sólo tenemos que
frenar sutilmente la salida de hilo de la bobina de nuestro carrete justo unos
metros antes de que el rocket entre en contacto con el agua e inmediatamente
después dar varios cachetes rápidos. Este simple gesto hará que el cohete vierta
su contenido en un par de metros. No olvidéis nunca protegeros el dedo índice
para prevenir cortes indeseados.
En estos lugares, los peces están muy resabiados porque la inmensa mayoría de
ellos ya han sentido el sabor del acero en su boca. Suelen ser más sigilosos a
la hora de comer y salen despavoridos a la más mínima señal de peligro. A partir
de este momento intentaremos hacer el menor ruido posible. Está demostrado que
las carpas detectan las vibraciones que producimos al andar, por no hablar del
ruido que hacemos al abrir y cerrar la puerta del coche. “Es cierto que en
aquella ocasión llegaron a mi lado unos domingueros derrapando con el coche,
pusieron la música a todo volumen, echaron las cañas y mientras yo no tuve un
toque en las mías, ellos sacaron un carpón.” Esta historia la hemos escuchado
todos, también es verdad que al comprar un solo billete de lotería te puede
tocar el gordo, pero la estadística no falla, las probabilidades de que ocurra
esto son muy bajas. Si nosotros hacemos las cosas bien lo normal es pinchar
peces. Siguiendo en la línea de la discreción y pasar desapercibidos, es
recomendable alejar el coche de nuestras cañas para evitar reflejos indeseados
que delaten nuestra situación, sobre todo cuando pescamos en distancias cortas.
Llegados a esta parte me gustaría dar un pequeño repaso a los montajes. Usaremos
un plomo inline pesado (100-150gr), bajos muy cortos (10-12cm) y anzuelos con
punta curvada sobre fondos duros y por el contrario, plomo ligero con perrillo
(50-70gr), bajos más largos (20-25cm) y anzuelos de punta recta en fondos
blandos incluyendo algas. El grosor y resistencia de los elementos del montaje
irá en relación a la demanda del pesquil pero ajustaremos al máximo porque hay
una cosa clara y evidente, contra más pequeño es un anzuelo antes se clava y
menos posibilidades tiene la carpa de librarse de él. Respecto al sedal, la
única situación en la que sería necesaria una línea madre de diámetro grueso,
0,35-0,37mm, es cuando necesitemos parar al pez en seco y evitar que se
introduzca en algún obstáculo, en el resto de ocasiones bastará con un puente de
fluorocarbono, aguantará bien la abrasión y el roce, tanto con árboles como con
piedras.
En el tema de los cebos de anzuelo no me voy a detener mucho, personalmente
empezaría poniendo un clásico, una pequeña ristra de 3-4 granos de maíz dulce,
otra caña con un boilie de 10-15mm del sabor de los que añadí en el cebado y por
último pero no por ello menos efectivo, un boilie flotante fluoro.
Bien, por ahora hemos seleccionado un escenario que cumple unos requisitos,
hemos examinado el fondo y encontrado puntos interesantes donde la carpa podría
comer, hemos cebado las aguas en dichos puntos, montados los equipos, realizados
los montajes y elegidos los cebos. Ahora llegó la hora de lanzar nuestros
engaños, pero para sorpresa de muchos, yo sólo situaría una de mis cañas dentro
de las áreas cebadas, otra de ellas irá en la periferia, o lo que es lo mismo, a
2-3 metros del cebado y la última en un hot spot sin un gramo de comida libre,
sólo mi cebo de anzuelo. Por lo general esta caña suele ser en la que pongo el
popup de color fluorescente. Las carpas grandes se suelen acercar a las áreas
cebadas pero no entran a comer sino que toman los cebos dispersos fuera de la
concentración de comida, por ello sitúo mis cañas de esta manera.
Para impedir
que la carpa se percate de nuestras líneas y huya al percibir el peligro,
procederemos a pegarlas al fondo mediante el uso de plomos traseros. En el
mercado hay una gran variedad, aquí vamos a ver los dos más importantes. Los
primeros son los plomos voladores, éstos se colocan en la línea principal antes
de lanzar el montaje, se desplazan libremente por el sedal durante el lance
retrasando su posición con respecto a la plomada principal. Al sumergirse los
dos plomos, provocan que la línea comprendida entre ambos permanezca
literalmente pegada al fondo, haciéndola indetectable para los peces. El segundo
tipo son los plomos traseros de clip, se enganchan una vez lanzado el montaje y
logran que toda línea permanezca adherida al lecho del lago. Si el relieve del
fondo es uniforme se pueden utilizar cualquiera de los dos modelos, y
dependiendo de la distancia del hot spot, pondremos los voladores para larga y
los de clip en corto. En el caso de tener delante de nuestras cañas una
pendiente con desniveles pronunciados, montaremos exclusivamente un plomo
volador de gran calibre, volará lo suficiente como para colocarse después del
desnivel y por lo menos mantendremos escondidos esos últimos metros justo antes
de nuestro cebo de anzuelo. También es importante no realizar un fuerte tensado
de las líneas ya que levantaríamos el plomito trasero y éste no podría cumplir
su verdadero cometido.
Durante las sesiones de más de 24h estaremos muy atentos a los intervalos
comprendidos en el amanecer y el anochecer ya que como comenté al principio, las
carpas se activan más y suelen dejarse ver. Si contemplamos signos de actividad
por una zona concreta no dudaremos en poner un cebo en ella, sin olvidar lo más
valioso, examinarla en las horas que no haya movimiento para sacar las
conclusiones oportunas y comprender porqué en esa área.
Después de todo este duro trabajo sólo nos queda esperar la ansiada picada y
quién sabe si será el carpón de su vida!
Terminando estas líneas me gustaría hacer un llamamiento a todos los pescadores
que frecuentan embalses tan míticos y masificados como Sierra Brava, Mequinenza,
Caspe y ríos como El Tormes, Guadiana, Ebro, Tajo… señores es una auténtica pena
ver el lamentable estado de las orillas, recojamos toda la basura, aunque no sea
nuestra y demos ejemplo. Creo que a nadie le gusta pescar en medio de un
estercolero, por ello, también hay que concienciar a las personas que “olvidan”
sus bolsas de basura entre los arbustos así como a los que dejan kilómetros de
papel higiénico esturreado por el campo. Verdaderamente, ¿qué trabajo cuesta
llevarse la basura en el mismo hueco que llegaron los envases llenos? Tenemos
que cuidar y respetar el medio ambiente, es el legado que dejaremos a nuestros
hijos.
Artículo escrito por
Francisco Granados
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